Lu nos escribe : Reflexiones de viaje

Viajar (si uno puede aprovechar el viaje) es uno de esos momentos que permite mirar desde otra perspectiva. La salida de la rutina, la relajación y el bienestar sirven para pensar, repensar y, quién les dice, mejorar.

Mientras acumulaba experiencias, las calles de Québec empezaron a serme familiares y los pensamientos fueron ganando protagonismo. Caminando sin rumbo debo haber pensando tantas cosas que, a mi vuelta, terminó saliendo mi columna de radio sobre: Identidad y desarraigo.

Desarraigar: desterrar a una persona de donde vive o alejarla de su ambiente. Identidad: sentimiento de mismidad logrado por el individuo a través del suceder temporal y las experiencias cambiantes que le permite mantener un grado de cohesión y estabilidad más o menos uniformes.

Si pensamos un poco, la “identidad” se logra a través del arraigo, de estar en un ambiente viviendo experiencias a través del tiempo en lugares concretos, con personas, cosas y hábitos concretos.

Cuando alguien se establece en otro país, sería hasta esperable que sienta el “desarraigo”. Empecemos por el principio: irse. Hay muchas circunstancias en las que una persona termina viviendo en un país diferente al que lo vio crecer: razones políticas, económicas, laborales, amorosas.

No es lo mismo abandonar el país porque se es perseguido políticamente que haber encontrado el trabajo de nuestros sueños, pero todas esas decisiones tienen algo de forzadas, el hecho de tener que tomar la decisión es una obligación ineludible: me voy o me quedo. Ahí ya tenemos un desafío del que hay que hacerse cargo y que puede generar sentimientos como la inseguridad, la culpa, el miedo.

Lo que sigue es establecerse: la adaptación. Como no estamos de vacaciones, la estadía no puede esquivar las rutinas de la ciudad, no se mira todo desde afuera, hay que entrar. Acá es donde puede empezar ese sentimiento de desarraigo. Si volvemos algunas líneas atrás y pensamos lo inseparable del ámbito y la identidad, podemos pensar que teniendo la obligación de meternos en las costumbres de otro lugar, podamos sentir un ataque a nuestra propia existencia, nuestra propia cohesión. Una sensación de no ser nosotros mismos.

Estar desorientados y sentir que las situaciones son ajenas, extrañas e inabordables y eso genera mucha angustia. Todo lo que nos sostenía no está. No me voy a olvidar: estar saliendo de un recital de Foo Fighters luego de una tormenta descomunal (porque no sólo en Canadá cantaron bajo la lluvia), aún recuperándome de una fractura (porque no sólo de quiebra Dave), caminando por el “lago” en el que se había convertido Av. del Libertador y pensar en que quería estar en mi cama, calentita y seca… pero era mi cama de chica, mi pieza de cuando tenía 8 años, necesitaba ese sostén. Esa es la sensación: quiero a mi mamá!!!!

Y ahora: ¿qué hacemos? Algunas de las respuestas que podemos dar ante ese sentimiento son hostiles. Criticar y menospreciar todo lo que es diferente, idealizando lo anterior, lo de nuestro país o ciudad de origen. Haciendo un esfuerzo por conservar nuestros hábitos a contramano.

También podemos volcar la hostilidad a nuestros orígenes, “darnos por despedidos” de nuestro país y demonizar todo lo que allí sucede o sucedía. Son dos formas de defendernos, de protegernos de ese ataque a nuestra existencia. Ambos exagerados y nada saludables. Generan un corte insalvable entre un antes y un después, lo detestable y lo ideal, que es irreal.

Un intento sano sería, apuntar a la continuidad. Somos uno que debe seguir construyéndose en un nuevo contexto. La identidad no se construye de una vez y para siempre. Con cada experiencia la vamos moldeando. Quizás es un cambio más radical que los que comúnmente pasamos como terminar la escuela, dejar un trabajo, cambiar de casa, jubilarnos, tener hijos. Implica tristeza, duelos, pero eso no quiere decir que uno deje de ser. Hay que trabajar en combinar el antes y el después en una continuidad que nos permita valorar lo bueno y malo de todos los momentos. Sin olvidar lo viejo ni desconocer lo nuevo. El trabajo de ir atando los cabos sueltos para que toda esa experiencia nos sirva de guía y sostén.

por Lic. Lucía Arrosagaray


Al regreso de su viaje, Lu pasó por el programa de radio al que va regularmente en su rol de psicóloga, y habló justamente de este mismo tema. Los invito a escuchar el extracto :

Espero que les haya gusto y que pronto vuelva a tener un aporte de Lu en mi blog

Gracias Lu !

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