Buenos Aires con ojos de turista

¡Qué linda es Buenos Aires! Quizás viviendo allá uno no se da cuenta, básicamente porque durante la semana vivimos ocupados con las obligaciones que tengamos y cuando llega el fin de semana, lo último que queremos es, como decimos los que somos del Gran Buenos Aires, “volver al centro”. Por eso visitarla “de vacaciones” es una buena oportunidad para descubrirla y redescubrirla.

Me acuerdo que en el 2010, cuando Chloé vino a vivir unos meses a Argentina, paseamos tanto por la ciudad que yo mismo me sentía como un turista, recorriendo varios lugares que jamás había visitado, y otros por los cuales había pasado muchas veces pero que nunca había apreciado.

En estas vacaciones, como durante el día toda la gente que conocemos está trabajando o estudiando, pasamos varias tardes de paseo por Buenos Aires. Por suerte tuvimos unos hermosos días de otoño con mucho sol y cielo bien azul.

Para este post, como la mayoría de ustedes conoce Buenos Aires, les pedí a Chloé si podía presentar las fotos que ella publicó en su cuenta de Instagram y disfrutemos de los lugares y cosas que ella decidió capturar, con una óptica más… extranjera. ¡Veamos!


Llegando a Ezeiza, los campos y las casas de la zona, todo muy tímido comparado con el bullicio y todo el cemento que nos espera a unos kilómetros.

Cuando no vivís en tu país, aterrizar y llegar (sobre todo después de, literalmente, un día de viaje) es indescriptible. Es como que todo es nuevo, pero ya conocido. El olor, los sonidos de las calles, las voces de la gente. Y lo más lindo, el abrazo de la familia que nos espera, ahí paraditos como soldados.

Una foto publicada por Chloé Belzil-Leroux (@clower003) el

Y salir a pasear por esta gran ciudad, nunca te aburre. Es que Buenos Aires tiene todo. Tiene la belleza de su arquitectura clásica europea en sus barrios más antiguos, y también de la moderna, guste o no, en los barrios más jóvenes como Puerto Madero.

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Con esos edificios que alguna vez le dieron a la ciudad su fama de ser la “París de América del Sur”.

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Y hasta con un cementerio que es una atracción turística en sí mismo, tan místico y elegante.

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Con sus numerosas plazas, que los porteños adoran. En un día así, fresco pero con sol, con tantos árboles y pasto, qué lindo sentarse un rato a ver pasar la gente, ¿no?

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O tus heladerías por todos lados, abiertas todo el día, todo el año. Porque miren lo que es esta belleza de helado. ¡Lo que daría por uno de esos en este momento! Como ya les conté, creo que no hubo un sólo día en el que no haya tomado helado, siempre algún dulce de leche (para los que no saben, tenemos muchas variedades) y algún chocolate. Chloé es banana split y dulce de leche.

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Qué lindo hacer una parada en uno de sus clásicos cafés, para desayunar con tiempo. Pedir un cortado con una medialuna (de esas que sólo se consiguen allá), o un submarino con unas tostaditas calientes con dulce de leche.

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Y como estás de vacaciones, te merecés también una buena merienda a la tarde. Es increíble la cantidad de casas de té que hay, todas muy lindas y con tan buena panadería y pastelería. Se complica controlarse.

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Y continuar caminando y eventualmente ver, de cerca o de lejos, a nuestro querido Obelisco. Siempre tan simple e imponente a la vez.

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Y por qué no entrar a un cine, de los tantos que hay, para ver cualquier película como buena excusa para bajarse un balde de pochoclo (bueno, esto es un resumen, no vayan a creer que esto es un día típico de paseo… ehhh… no, no eran así…)

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Por qué no entrar a una de las tantas galerías y shoppings, obvio a mirar, porque comprar ropa en Buenos Aires está muuuy caro. Y la elegancia no es sólo por fuera en sus edificios, sino por dentro también, sobre todo si miramos para arriba.

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Y así llegamos al final del recorrido, resumido pero bastante variado. ¡Espero que les haya gustado el paseo!

Así que si nunca visitaron Buenos Aires, obviamente los invito a hacerlo. Pero si viven allá, les recomiendo un paseo con ojos bien abiertos y levantando la cabeza para ver lo que los rodea. ¡Es gratis!

Bueno che, ahora a hacer las valijas y prepararse para la parte más fea de ir a Argentina, despedirse. Pero nos espera Atenas, así que ¡arriba el ánimo!

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