Atenas – Día 2 (Acrópolis)

El segundo día de nuestro paseo por Atenas fue aún más caluroso que el primero. Pero no nos dimos por vencidos (tampoco teníamos mucha opción) y salimos con coraje del hotel motivados por la visita a la increíble Acrópolis.

Como les contaba en el otro post, nuestro hotel estaba a la vuelta de la Embajada de EEUU, en un muy lindo barrio, tranquilo y donde nos sentimos seguros tanto de día como de noche, caminando:

Hay tanto verde en Atenas, es espectacular para simplemente mirar. Les encanta no solo poner árboles, arbustos y plantas en las calles sino que también en los edificios, ventanas y balcones. Miren el banco:

A lo lejos veíamos el Monte Licabeto, al que habíamos subido el día anterior, con su iglesia en la cima:

Llegamos a pie hasta el famoso Estadio Panathinaikó, donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos (en 1896), con sus tribunas de mármol, inmenso e imponente.

Allí nos subimos al bus hop-on-hop-off, muy recomendable para esta ciudad. Estos buses son una opción que usamos bastante seguido cuando no tenemos mucho tiempo, o como en este caso cuando hace calor y las distancias son largas. Además te dan muy buena información sobre los lugares por los que se va pasando, así no te quedás solamente con el “mirá que lindo edificio”, sino que te educas un poquito más !

Para esta altura, y antes del mediodía, haría más de 38ºC, y nos bancamos claro ir en el piso de arriba (es que si vas abajo, vas fresquito pero no ves nada).

Como muchas ciudades europeas, Atenas tiene un importantísimo sistema de trams. Son muy prácticos, pero claro que agregan al paisaje, los horribles cables que atraviesan las calles.

En Atenas hay muchas plazas, grandes pero simples (sin mucha fuente o adornos, más bien “playones”). Y en muchos lugares, un paisaje de fondo increíble: la Acrópolis a lo alto:

Algunos edificios están como abandonados o descuidados. Hay partes que son realmente feas (sorry!) y no es un barrio o sector en particular, está todo mezclado, lo lindo y lo feo.

En un momento pasamos por la zona de los mercados. Los griegos están todavía muy acostumbrados a ir a los grandes bazares y mercados a comprar la comida, especias, carnes, pescados, etc.

Desde el bus no pude sacar una foto mejor, pero este es el mercado de carnes:

Algunas costumbres que comparte con Buenos Aires, algunas mesas en la calle y la gente tranquila con un cafecito.

Más plazas, bueno esta vez con fuente y estatua:

Y también hay kioskos de diarios y revistas, que venden bebidas (por suerte) y snacks. También ahí se pueden comprar los billetes para el transporte público.

Y los taxis son bien amarillos :

Eventualmente llegamos a la parada “Acrópolis” del circuito, y ahí nos bajamos (todos). Al ver el desafío que nos esperaba (con mirar para arriba te dabas una idea) fuimos en busca de provisiones de agua ya que para esa altura nos habíamos tomado todo lo que teníamos.

Casi que me sentí mal que el agua salga solamente ¢50 (centavos de euro) ! I’ll have four, please !

Para ingresar hay que abonar la suma de €20 (50% de descuento si son estudiantes), alguien que conozco se escandalizó pero luego entró en razón cuando recordó en DÓNDE estábamos.

La primera parte se sube “bastante” bien, y en seguida tenés una recompensa:

El anfiteatro con una vista hermosa de Atenas:

Prueba de que fuimos realmente.

Pero luego, con unos 40ºC, empezó la lenta subida, con alguna que otra parada a la sombra de alguna columna de mármol.

Y al llegar a la cima, personalmente sentí una hermosa sensación al ver al bello Partenón de la Acrópolis.

No se qué decir sobre el Partenón, creo que todos lo hemos estudiado como el símbolo de la cuna de nuestra civilización y estar ahí es realmente impresionante.

Pensar que fue construido del 447 a.C. al 432 a.C. con una increíble cantidad de mármol. Lamentablemente en el siglo XVII se destruyó casi por completo cuando explotó la pólvora que los turcos guardaban dentro. Está muy bien reconstruido lo que quedó, el resto los invitamos cordialmente a pasar por el British Museum en Londres.

Las vistas desde la Acrópolis son in-cre-í-bles. Tanta casita, arbolito, casita, arbolito, casita…

Bueno una última foto y no jodo más:

La bajada la hacés riéndote, obvio. Y miren que representativa esta foto, el olivo y la Acrópolis:

Ahí cerquita está el nuevo y moderno museo de la Acrópolis (no confundir con el Museo Nacional de Arqueología, inmenso también pero otra cosa).

Pero antes de ir a recorrerte las estatuas, nos jugamos y fuimos al restaurant del museo a almorzar. Se come con una hermosa vista de la Acrópolis, en un contraste de siglos y siglos de evolución.

Yo me comí un plato de pasta con frutos de mar que estaba increíble (perdón si digo mucho “increíble”) y Chloé una (otra más) típica ensalada griega. Esos tomates se extrañan (tan tiernos, jugosos y sabrosos).

Y luego hicimos el recorrido del museo, en el cual hay muchas de las estatuas que fueron recuperadas, y “pedazos” de Partenón.

Son varios pisos y, obviamente, bastante monótono para uno que no es un súper entendido del tema, pero se disfruta y creo que vale la pena ir.

El edificio en sí es muy lindo y original. Ojo si llevan pollera porque…

Al terminar, salimos y nos dirigimos a la parada del bus turístico para acercarnos lo más posible a nuestro barrio y continuar a pie hasta el hotel.

Dos últimas cosas que le muestro, camino al hotel. Una es esta genial escultura de vidrio, gigante (muy linda de noche también).

Y la otra nuestra hermosa embajada Argentina, nada que envidiarle a la de EEUU que les mostré en la primera foto, tenemos un limonero nosotros !

Llegamos al hotel y la idea era ira a dormir una siesta… pero seguíamos con un jet lag espantoso, por lo que no nos dimos cuenta y nos despertamos a la mañana siguiente.

Así terminó nuestro recorrido por Atenas, ya que al día siguiente embarcamos al Carnival Vista, nuestro hotel flotante por los próximos 10 días

Efaristo poli ! (“Muchas gracias” en griego, burros).

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