Campo de concentración de Dachau

Luego de recorrer Múnich, dejamos la ciudad para continuar en nuestro recorrido en auto por Alemania. La próxima parte del road trip era pasar por los hermosos pueblos que se encuentran sobre la famosa Romantische Straße (routa romántica), pero antes aprovechamos al salir de Múnich para visitar el tristemente famoso Campo de Concentración de Dachau. Una visita súper interesante, y por supuesto, bastante “fuerte” por decirlo de alguna manera, ¿me acompañan?

Pero empecemos antes con un poco de comida, para variar. El lunes por la mañana (para los perdidos les cuento que estamos hablando exactamente del 11 de julio del 2016), dejamos el hotel de Múnich y nos fuimos para un barrio en el que había varias tiendas que Chloé quería ver. Entramos en un muy lindo café que tenía muchas cosas ricas…

Miramos todo pero terminamos eligiendo unos “combos” que traían croissants, mermelada casera, café y jugo, y además probamos una de las delicias de chocolate y almendras. Todo muy rico

Luego anduvimos por unas tiendas de la zona, como les contaba. Resulta que en cada ciudad del mundo que vamos Chloé te saca de su teléfono la lista de tiendas específicas que quiere ir a ver (producto de tomar nota de todo lo que ve en las redes durante el año) y a mi me encanta acompañarla en la rotation porque, aunque casi nunca compre nada, siempre queda chocha de haber “visto en persona” tal o cual boutique

El camino desde el centro de Múnich hasta Dachau es muy corto, apenas media hora. Bueno de hecho la proximidad de Dachau a Múnich (lugar donde nació el partido Nazi) fue clave en el establecimiento de este campo de concentración.

Le pedí a mi copiloto que le saque una foto al Allianz Arena, donde juega el Bayern Munich.

Al ratito salimos de la autopista, atravesamos una parte de la ciudad de Dachau y llegamos a la entrada de lo que ellos llaman el Memorial Site.

El sitio esta abierto todos los días de 9:00 a 17:00 y el acceso es gratuito si uno quiero recorrerlo solo, lo cual claramente NO recomiendo. Este tipo de lugar, con tanta historia, tiene que ser recorrido con un tour guiado o como mínimo con una audioguías.

Por suerte hay visitas guiadas en varios idiomas con voluntario, que cuestan apenas €3 por persona y duran 2 horas y media (por supuesto uno deja una buena propina para semejante tour). El alquiler de las audioguías salen €3.50. Bref, acá tienen toda la información oficial.

Llegamos un rato antes de que empiece una de las visitas en inglés, así que compramos nuestros tickets y nos fuimos al punto de encuentro, bajo un árbol (con un calor importante, pero quejarte de eso en un lugar así te hace sentir muy pelotudo).

Al rato nuestra guía, una alemana súper encantadora de unos 50 años, comenzó a presentarse y contarnos un poco como se desarrollaría la visita. Luego caminamos hacia la entrada principal.

Ingresamos por la mítica puerta, de la que probablemente ya hayan visto fotos, con el característico slogan “Arbeit macht freit“, es decir “el trabajo te hace libre”. Esta frase se encontraba en las entradas a los diferentes campos de concentración nazis, pero esta en particular quizás recuerden que hace un par de años fue robada y luego devuelta…

Que esta entrada diga “el trabajo te hace libre” es probablemente la más grande ironía…

El campo de concentración de Dachau se fundó en 1933, semanas después de que Hitler fue nombrado canciller del Reich. Por ser el primero, Dachau se convirtió luego en “modelo” de campo de concentración para los tantos otros que fueron construidos.

Para darles algunas estadísticas y número (escalofriantes, quizás más cuando estás parado ahí y te lo cuentan tan crudamente), entre 1933 y la famosa liberación de Abril de 1945, más de 200.000 personas procedentes de toda Europa fueron encarceladas en este campo de concentración y en los campos “satélites” que se encontraban en los alrededores. En total fueron asesinados 41.500 prisioneros. Cifras impresionantes, y pensar que en Auschwitz fueron más de un millón de asesinados.

La guía nos empezó explicando bien quienes eran los “residentes”, es decir todos aquellos que “caían” en alguna de las categorías siguientes (entre otras): presos políticos (principalmente socialistas y comunistas), criminales, Judíos, Testigos de Jehová, homosexuales, violadores, pedófilos, y los que eran llamados “asociales” que incluían alcohólicos, drogadictos, prostitutas, vagabundos, mendigos, etc.

Al ser ingresados al campo de concentración, además de ser “higienizados” (ya verán más adelante) y uniformados (con los “clásicos” uniformes a rayas) se les colocaba una insignia que consistía en un triángulo de tela que se cocía al uniforme del prisionero. Cada categoría de las que les nombrara recién tenía un color relacionado. En el centro del triángulo solían tener una letra que indicaba el país de procedencia, aunque también algunas otras letras denotaban categorías bien específicas para los Nazis, sobre todo a los soviéticos, que tenían las letras SU por sowjetischer Untermensch es decir “Soviético Sub-Humano”.

Y así ellos sabías fácilmente “por qué” cada uno estaba ahí… pues dentro de su delirio, había una explicación para todo.

Comenzamos el tour ingresando al edificio principal en donde está la parte “museo” donde hay una exposición y muestra de diferentes salas:

Acá se ve un cartel original (claro como casi todas las cosas que se ven allí) que vendría a ser una guía de “referencia” de las diferentes insignias. Las columnas y las filas crean una referencia cruzada de diferentes categorías, me da un poco asco explicar más en detalle.

Fijate que abajo a la derecha te muestra dónde va la insignia en el brazo del uniforme, cual manual de instrucciones.

El régimen Nazi se caracterizaba por la organización burocrática y súper estricta de toda la información que manejaba. Todo era registrado hasta el más mínimo de talle, todo debía ser controlado, claro.

Acá un Effektenverzeichnis, es decir una ficha de registro de los efectos personales de un prisionero. Este por ejemplo, una remera, saco, zapatos, un anillo de sello y una lapicera.

Y lo mismo con la compilación detallada de todos los objetos que ingresaban y salían del campo:

Y un escritorio con sistema de fichas en el centro:

Cada persona recibía además su plato, su taza y cubiertos que guardaban en sus lockers:

Otros objetos que se pueden ver de cerca son aún más escalofriantes, como esta “mesa” de tortura, que no voy a describir mucho…

…pueden verlo en estas fotos:

Como les decía, en esta parte del recorrido ademas de objetos se pueden ver y visitar salas en su estado original:

En el exterior se pueden ver las ubicaciones de los diferentes edificios en donde vivían los presos (me suena raro decir “presos”, pero residentes (como figura en las descripciones allá) me parece peor).

En esta foto documental se ve exactamente la disposición de los mismos:

Prisoner's barracks dachau
By T/4 Sidney Blau, 163rd Signal Photo Company, Army Signal Corps [Public domain], via Wikimedia Commons

El perímetro del campo estaba, por supuesto, rodeado por unas fosas y una cerca de alambres de púas electrificado. Además claro, diferentes torres de control desde donde vigilaban los guardias.

En el final del recorrido se entra a uno de los edificios más aterradores, donde se pueden visitar las salas en donde se llevaban a cabo las matanzas.

Esta es la entrada a lo que ellos llamaban “Locales de desinfección” que en realidad eran cámaras de gas, donde se mataban a muchas personas al mismo tiempo (las cuales ingresaban creyendo que se las lavaría o algo así). Uno de los inventos nazi más repugnantes.

Y la otra sala que da escalofríos es esta, que me cuesta describir:

Al salir de ese lugar todos los visitantes quedan en silencio, reflexionando, no creo que haya persona que pueda pasar por ahí, escuchar los relatos y detalles de lo que ocurría y no salir pensando.

Justo afuera de ese edificio esta esta estatua en honor a las víctimas, y una frase que resume todo el propósito de la visita: “Der Toten zur Ehr, den Lebenden zur Mahnung” es decir, “Para honrar a los muertos, para advertir a los vivos”.

La última sala que visitamos fue una de las barracas que queda aún en pié. En ella se puede ver una reconstrucción de las camas en las que dormían.

Y acá una foto documental:

Terminamos el recorrido y nos quedamos hablando con la guía, que era muy simpática y sabía tanto. Antes de irnos nos quedamos caminando un rato por el lugar:

Esta escultura frente al edificio principal es impresionante:

Y estas cadenas con los triángulos de diferentes colores (recuerdan lo que les contaba más al principio):

Nos fuimos de Dachau para continuar el camino hacia Dasing, donde dormimos esa noche.

Te quedás pensando un toque, entre otras cosas, en lo mierda que podemos ser los seres humanos; y creo que también en lo importante que es evolucionar como sociedad, y que esas cosas tan barbáricas en realidad no sucedieron hace tanto. Una visita a un campo de concentración ayuda mucho a entender a un pueblo que sufrió lo que sufrió.

Pero la vida sigue, el turismo sigue, y agradeciendo la buena vida continuamos Acá dos delicias alemanas: un apfelschorle (jugo de manzana gasificado) frío (un milagro) y una rica cerveza (a temperatura casi ambiente.. pero bueno, hay que adaptarse).

Y a seguir probando las delicias que tiene para ofrecer este increíble país. Estos spaetzels con queso y cebolla frita:

Una fresca ensalada de verano:

Y cómo no otro schnitzel !

Eso es todo por hoy amigos, espero que les haya “gusto” (si se puede decir) el recorrido por este lugar tan significativo para la historia moderna. Es una visita que recomiendo sin duda a todos, no lo duden, se aprende mucho y se entiende aún más.

Los espero en el próximo post!

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